El peor tipo de llanto no era el que todos podían ver, el llanto en las esquinas, el desgarro en la ropa. No. Lo peor sucedía cuando su alma lloraba y no importaba lo que hiciese, no había manera de consolarla. Una sección del alma se marchitaba y se convertía en una cicatriz. Para la gente como nosotros, el alma contenía más tejido cicatricial que la vida.

Noah Hutchins

Rompiendo las normas (Pushing the Limits #1) - Katie McGarry